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jueves, 25 de agosto de 2016

Desayuno sin diamantes

Esta mañana, cuando me disponía a realizar mi marcha diaria, recibo un mensaje de ella, preguntándome si desayunábamos juntos.

He dicho que tendría que ser cuando acabara mi recorrido, y ha aceptado.

Cuando he terminado, ducha y aviso... Ya salgo.

Mientras transcurría por las carreteras de huerta, porque hoy elegí ese itinerario, pensaba si es que quería hablar de algo, decirme algo... Mientras dejaba el casco en la maleta, la miraba (no se había percatado de mi llegada), y la veía tal cual, una mujer madura, ahora con semblante triste. Me preguntaba a mí mismo por qué esas ansias de salir, de figurar. No me ha dado tiempo a responderme. En ese instante me ha mirado.

La he besado, por primera vez desde que la conozco, como a una buena amiga. Dos besos, como decía mi buen Sabina, uno por mejilla. La charla del desayuno no ha podido ser más convencional, que si las fiestas, que si los perros, que si los hijos... Nada más, apenas nada más.

Y de repente me he visto de pie, besándola como a la llegada, pero lo más triste es que ni siquiera se me han pasado por la mente, tentaciones de hacerlo de otro modo, aunque su aproximación ha sido de quererlo.

Pensaba que querría hablar de nosotros, que habría recapacitado, que habría reconsiderado su postura. Así es que... Desayuno sin diamantes.

Que quede entre nosotros


lunes, 26 de marzo de 2012

Enamorado

Entro en un grupo que conocí recientemente, un amigo y yo comenzamos una competición musical y se añaden otras personas, entre ellas, ELLA.

Comienzo a sentir que hay una corriente diferente, que la sensibilidad es un credo mutuo, próximo. Me aproximo más y se crea un clima cálido, acogedor, ignorado y conocido, extraño y común. Y más tarde escuchamos nuestras voces hasta cortarse la comunicación, hasta dejar exhaustos los teléfonos. Ya deseo conocerla de piel, de olor, de miradas... Quizás el roce de sus manos que adivino hermosas.

Está mediado el mes de febrero ¡bendito febrero!

Y el veintiuno, por la tarde, a las cinco, nuestra primera cita. Esa en que todo puede volar por los aires, como ya pasó alguna vez, me aferra más a ella. Es más cálida aún y el brillo de sus ojos causa vértigo.

Exploramos la geografía del lugar porque donde habíamos quedado aún no está abierto. Nos detenemos en una cafetería que ya no olvidaremos (Cafés Caliente). Y allí, enzarzados en descubrirnos el uno al otro y viceversa, siento el arrebato de robarle un beso. Y lo hago.

Después nos trasladamos al sitio original, al de la cita. Y ya todo es diferente en mí, y lo siento como un vendaval corriendo por mis venas. Hay complicidad, confidencialidad, ternura... Y reímos, y hablamos, y volvemos a reír. Y quiero otra cita, más proximidad, tener la oportunidad de mostrarle más cómo va creciendo como una enredadera en mi interior.

Ella tiene ensayo. La acompaño. Ese paseo ya es inolvidable, está cogido al corcho de mi memoria con una gran chincheta que lo sostiene en primer plano. Nacen los besos como manantiales ávidos de llegar al gran río. Quedamos para ir juntos a la tertulia al día siguiente.


Desde entonces forma parte inseparable de mis sentimientos, de mis pensamientos, de mis pulsos. Mi goleta la gobiernan dos pares de manos. Bajo mi toldilla no reposan solos mis pensamientos, que ya son tan míos como suyos.


Hace más de un mes que nos amamos, que compartimos cuanto somos. Ya no más dos, sino en el respeto a la libertad de cada uno, uno solo.


Y tenía que venir a decirlo, a dejar que el viento de levante lo envuelva en el velamen de esta goleta que tanto tiempo navegó en solitario. Ya no soy yo, sino YO ENAMORADO.


Shhhhhhhh


Que quede entre nosotros

jueves, 20 de enero de 2011

Las tres preguntas, de Jorge Bucay

En mi viaje a Madrid a comienzos de noviembre compré ese título y comencé a leerlo al regreso.

Digo ahora que lo he terminado de leer, mirar, escudriñar y darme cuenta (como dice el autor), de cada mensaje que contiene; que para mí es una de las obras más claras y "educativas" de Bucay.

Como con otros libros de su autoría, he aprendido. No tanto de él, como de darme cuenta de que lo que dice es lo que siento y lo que hago; en definitiva lo que soy.

Ahora sólo me queda recomendar su lectura a quienes vengáis a estas páginas. Merece la pena.

Las preguntas son las siguientes: ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién?

Del "Con quién", extraigo unos párrafos que son un espejo de lo que sucede casi habitualmente en nuestra sociedad. Sólo ambiciono que se experimente algún cambio y las cosas sean diferentes. Mientras tanto, seguiré siendo fiel a lo que me mantiene vivo y feliz: DAR.

"Siempre digo que la vida es una transacción no comercial, una transacción a secas donde uno da y recibe. La intimidad está muy relacionada con aquello que doy y con aquello que recibo. Y esto es algo que, a veces, cuesta aprender.
El mundo está lleno de los que no saben dar nada y andan reclamando de todo, pero también de aquellos que dan todo el tiempo sin permitir que les den nada, creyendo a veces que con su sacrificio están contribuyendo a sostener el vínculo (si supieran lo odioso que es estar al lado de alguien que no se permite recibir, se llevarían una sorpresa).
Una cosa es no pedir nada a cambio de lo que doy y otra muy distinta es negarme a recibir algo que me dan o rechazarlo porque yo decidí que no me lo merezco. Muy en el fondo, el mensaje que le llega al otro es "lo que das no me sirve", "tú no sabes", "lo tuyo no vale" o "tu opinión no me importa".
Hay que saber el daño que hacemos cuando nos negamos sistemáticamente a recibir lo que desde el corazón quieren darnos.
La transacción abierta, continua y generosa, representada por la entrega mutua, es el mejor, si no el único, pasaporte a la intimidad.
Yo no creo que todos los encuentros deban terminar siendo relaciones íntimas, pero sostengo que sólo éstas tienen verdadero sentido en el camino de realizarse como persona...
Si hoy soy honesto, sólo aquellos con los que puedo intimar tienen abierta la puerta para ingresar a la lista que corresponde a la última pregunta: "¿De quién voy a acompañarme, por lo menos en este momento de mi vida?"
"... LA INTIMIDAD COMO DESAFÍO. No me refiero a la intimidad como sinónimo de privacidad ni de vida sexual, no hablo de la cama o de la pareja, sino de todos los encuentros trascedentes. Hablo de las relaciones entre amigos, hermanos, hombres y mujeres, cuya profundidad permita pensar en algo que va más allá de lo que en el presente comparten.
Las relaciones íntimas tienen como punto de mira la idea de no quedarse en la superficie, y es esta búsqueda de profundidad la que les da la estabilidad para permanecer y trascender en el tiempo.
Una relación íntima es un vínculo afectivo que sale de lo común porque empieza en el acuerdo tácito de la cancelación del miedo a exponernos y en el compromiso de ser quienes somos".

Creo, sinceramente que su visión del "Con quién", podría aclarar muchísimas dudas y sobre todo ayudar a vencer ese miedo que sólo es paralizante para aquellas personas que lo sienten porque una vez o varias veces en su vida sufrieron el mordisco amargo de la pérdida. Nadie nunca es culpable de nada de lo que haya pasado en nuestra vida, sino nosotros mismos.

Que quede entre nosotros