sábado, 20 de septiembre de 2014

Que me borren de septiembre

Sí, que me borren de este horrible mes, del 2014. En él mi querida Elisa se ha marchado para siempre, he visto truncados multitud de sueños; me han dado la alarmante noticia de que el test de cáncer de colon, ha dado positivo o falso positivo. No sé si como consecuencia, mi tensión arterial es un vertiginoso carrusel. Hoy, aniversario de la muerte de mi padre, me han llamado porque a mi dulce Pardita le ha salido un bulto sangrante en un costado. ¿Hay quien dé más?

Yo me apeo, me bajo de este ruin septiembre.

No voy ni a arreglar el velamen. Esperaré a octubre para surcar de nuevo esos mares calmos que nos ha regalado este verano espantoso de calores. Esperaré a octubre para sentir la brisa fresca en mi cara, para enfrentar las crestas de las olas... Esperaré hasta octubre.

Que quede entre nosotros

lunes, 15 de septiembre de 2014

DOLOR

Mi querida Elisa, mi amiga del alma. La persona más buena, más educada, más noble, más cálida y más tierna; se ha marchado.

El dolor que siento, la sensación de vacío que me invade, este pozo oscuro de incertidumbres ciertas. ¡Qué dolor!

El teléfono sonó a primera hora para darme la terrible noticia. Ya era media tarde en donde ella habitaba.

A quince días exactos de su cumpleaños, para quitarme ese placer indescriptible de llamarla, escuchar su voz y cantarle el cumpleaños feliz.

Donde quiera que estés, amiga, seguirás siendo tan guapa, tan grande, como lo has sido en este lugar de tránsito. Y siempre vivirás en mi corazón.

No puedo decir nada más ahora.

Que quede entre nosotros

lunes, 5 de mayo de 2014

Vuelve mi sonrisa

Después de tanta muerte, de tanto irse gente querida, de tanta frustración, de tanta lucha estéril, vuelve mi sonrisa. Y lo agradezco.

Ha sido un trabajo arduo, mas ha valido la pena.

Con estos meses se han marchado seres muy queridos y otros están a la espera de que la parca hinque su guadaña siniestra hasta arrancar las raíces. Mas yo sigo aquí aunque no sepa por cuanto tiempo.

Dejar de decir que volví a caer en idénticos abismos, que dejé el timón de mi goleta al azar de los vientos, sin control, sin ejercicio, no me exime de responsabilidad.

Llegó en noviembre hace años. Se afincó en mi alma y alimenté al amor. El amor ya lo sentía, ya lo cuidaba, ya recortaba sus brotes y dirigía sus ramas, pero como buen holgazán, me descuidé. Y me vi inmerso en una historia absurda, con alguien que no tenía una vida estructurada, sino muy al contrario, desmadejada. Alguien que sufrió y lleva a rastras las secuelas del sufrimiento sin luchar contra ellas, sino huyendo. Y lo hacía mezclándose en ambientes espesos, dudosos, banales; a los que yo rechazaba en nombre propio.

Mi horizonte de libertad me decía que tenía todo el derecho, que lo tiene. Que si esa y no otra es su forma de vivir la vida, ha de hacerlo. Traté en vano de dibujar nuevos paisajes, con ríos de ternura, con montañas de afectos. Pensando que algún día se daría cuenta de que la vida transcurre inexorablemente y cuando uno mira hacia atrás ve su juventud, que ya no está en el cuerpo que observa.

Y llegó un instante en que me di cuenta (gracias siempre, Jorge), que mi afán por respetar la libertad de los demás, me estaba generando secuelas. Me detuve, eché el ancla de mi nave, medité, me pregunté si era aquello lo que quería hacer realmente con mi vida. Y la respuesta fue NO.

Se quedan atrás, con la estela que deja mi goleta al navegar de nuevo, esas muertes y ese crimen cometido en nombre del amor.

Que quede entre nosotros


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Se va...

Hoy, en esa visita de los miércoles, era ostensible: se va.

Tiene dibujado el perfil de la muerte en su cara, en lo afilado de su nariz y en esa boca abierta en ademán de tomar más aire, de seguir...

Ya no hay respuesta a la palabra ni la caricia. Ya está más en ese otro lugar que aquí.

Mi padre se apaga, su vida se apaga. Ha sido una larga agonía de ocho años, que es la que separa la ida de mi querida madre y la suya. Es cuestión de días, quizá alguna semana, pero se va. Y la siguiente generación soy yo, somos mi hermano y yo. Lo hablábamos al regresar de la residencia; nos toca a nosotros.

No temo nada. Al menos en los últimos diez años he sabido gestionar mi vida como nunca antes. Llamar al pan, pan. Luchar por ser feliz con uñas y dientes; con esa propuesta clara de que si yo soy feliz, irradio felicidad y la gente que me roza, siente esa sensación agradable de alguien que ríe con toda su risa.

Se lo debo, aunque sólo haya sido por hacer lo opuesto.

Que quede entre nosotros

domingo, 15 de septiembre de 2013

LA-DI-NO *Astuto, sagaz, taimado

Así es, sin lugar a dudas. ¡Ya me gustaría a mí que fuera de otro modo!

Después de casi un año sin noticias (nunca le desearía nada parecido a nadie), emerge en el mes de junio. E inmediatamente pienso: Quiere algo, va a pedir algo, pero me impongo sentir el día, el instante, y olvidarme de posibilidades o previsiones.

Un mes antes, aproximadamente, su hermana nos anunció a todos que se casaba y me pidió la dirección para enviarle la invitación. Cuando ella lo instó a ir conmigo, él dijo que se arreglaría por su cuenta. Yo respeté su decisión.

Pensé, al acercarse, que posiblemente lo que quería era eso, venir conmigo, que fuéramos juntos, pero el tiempo pasó sin hablar del asunto e hice mi reserva y organicé mi viaje.

Nos vimos en tres ocasiones más desde finales de junio, siempre para comer. Escasa charla e idéntica comunicación. No dijo cuales eran sus notas, aunque sí que debía cambiar su idea inicial porque éstas no daban para lo que había previsto hacer, así es que haría un módulo superior de realización de vídeo (no recuerdo exactamente qué tratamiento le dio, posiblemente porque no creo en lo que me cuenta). Y de nuevo, como sucediera en agosto del 2012, desapareció. No vino como se había propuesto y me había anunciado, a ver a su abuelo (cuatro años sin verlo son muchos años), y eso que ello le daría también la oportunidad de estar con su primo. Tenía que grabar un vídeo de uno amigo y tal y tal...

Una vez más se excusó y ya no ha habido más contacto, salvo el que tuvo para dirigirse a mí interesándose sobre lo que iba a hacer para acudir a la boda. Así es que sí, que sí quería algo, aunque del modo en que lo digo en el título, de forma astuta, sagaz y taimada. Se había aproximado porque pensó que tenía tiempo para ir soltándomelo; para decirme que sus vacaciones en Mallorca, su nuevo teléfono, su objetivo de 50 mm. para su Canon, sus salidas, sus copas..., no le habían dejado posibilidades para acudir a la boda de su hermana. Yo no tengo dinero, y además tenía que irme un día antes para acudir a la firma en el juzgado. Se lo dije.

En los días previos a la boda, a través de las redes sociales, colgué un artículo de opinión que retrata muy bien a su especie, a su condición. Como respuesta, hizo unas manifestaciones también en su muro, que decía escuetamente: "YO SIGO PENSANDO QUE PARA HABLAR DE LA VIDA DE LAS PERSONAS, HAY QUE ESTAR EN LA VIDA DE LAS PERSONAS. SILENCIO COMO PREMIO A LA HAZAÑA DE LA MEZQUINDAD Y LA TACAÑERÍA". Así, gritando, con mayúsculas.

Ni siquiera esa manifestación irrespetuosa, tendenciosa, con mala hostia; me hizo cambiar un ápice el ritmo de mi vida. Ya nada me sorprende de él.

Una tarde, pensando en ello, en la cantidad de horas, dedicación, ternura, amor, que he puesto en nuestra relación, escribí en mi muro "Tuve y no supe ser. No tengo y soy. Con lo justo para llegar mal a fin de mes, haciendo juegos malabares cuando llegan gastos extras. Aunque lo más importante es que no me importa haber pasado de las camisas a medida, a comprar la ropa en mercadillos o en supermercados. De comprar todo cuanto se me antojaba, a prescindir de antojos. Soy feliz. Pero nunca, ni entonces ni ahora, he sido cicatero. Lo material viene y se va, sin dejar más raíces que un vago recuerdo si fue un auténtico capricho. Lo interior permanece, SIEMPRE. No estoy facultado para decir a nadie qué tiene o no que hacer o ser; cada cual tiene su propia vida y nadie puede vivir otras vidas. Por eso acepto incluso los comentarios más mordaces y las críticas más despiadadas y faltas de rigor; porque lo dicen otros labios, otras personas, otras vidas. Es fruto de la libertad y ésta es el mayor tesoro del ser humano. No sé, me encontraba tontón, pero queda dicho".

Su respuesta no se hizo esperar: "Oiga usted, ya está bien, váyase un poco a tomar viento. Mi afán es el de un trepa. Mis medios, los más ruines. Mi indignación, desconsiderada y exacerbada. Es justo, me lo merezco. Me lo merezco porque la culpa siempre fue mía. Porque aquel que se refugia bajo el cálido amparo de su propio ombligo -al que ha de acicalar cada día para que no se desmorone-, ha creído más conveniente que la culpa caiga sobre mí. Porque esto es victimismo y no la previa. Porque como bien hace la gente en señalar, soy uno de esos críos sin escrúpulos y sin mayor complejidad que la de hallar felicidad en que me colmen de caprichos. Tal vez... Tal vez quien piense eso solo necesite autoafirmación. Todos necesitamos poder seguir mirándonos al espejo, ¿no?. Si creéis que la doble moral tiene utilidad, adelante; id por ahí aleccionando al personal con contundentes muestras de principios, mientras las ruinas de vuestros vínculos se resquebrajan más si cabe. El problema de la gente es que ha idealizado su dignidad. Y a todos nos huele la mierda. Ahora bien... Todo aquel que piense eso de mí, merece vivir así de engañado. Cada uno carga con su cruz".

Bueno, pensé, no sé porqué razón, pero si siente eso de mí, sus razones tendrá. Propias o adquiridas, las debe tener.

No puede recordar que aun sin quitarme la chaqueta, a las ocho en punto y durante años, cada tarde, estaba en casa para bañarlo, preparar su cena y dársela; contarle sus cuentos (esos cinco minutos más al lado de papá). Cada día, abandonando todo lo que estuviera haciendo, urgente o no. No puede recordar que durante años, cada vez que tenía ocasión me ponía en carretera para que los hermanos estuvieran juntos. No puede recordar que cada miércoles a las cinco de la tarde, fuera como fuera mi agenda, estaba en la puerta del colegio para disfrutar unas horas con él. Debe ser terrible no poder recordar cosas hermosas y alimentar el interior sólo con lo que uno imagina o crea.

Debe ser terrible utilizar términos como mezquindad, tacañería, y mandar a alguien "a tomar viento" (al menos hay visos de educación al no utilizar el término que se dibuja debajo "a tomar por culo"). Debe ser terrible para su alma, pero no me siento autorizado para decírselo. Debe haber una voz interior que se lo grite, y si no es así, es que no merece la pena.

No le he dicho  que, en reciprocidad a esa falta de respeto y afecto, cada mes, sin excusa ni pretexto, cumplo con unas obligaciones económicas que me impongo yo, pero de las que un tribunal, a la vista de nuestra maravillosa relación y de sus manifiestos respeto y consideración hacia mí, seguramente me eximirá. Y lo hago pese a que no tengo para disfrutar un café con amigos, o reparar mi vieja moto. Él, antes que yo.

Mi hija se casó el viernes. Una boda perfecta. Un ambiente feliz y distendido. Su sonrisa, su felicidad, son mucho más de lo que un padre puede esperar de un hijo. Él no estuvo pero su ausencia no enturbió esos instantes.

Quería escribir estas líneas para poder recordar, para que sigan aquí como testigos mudos de algo que no fue, que pudo ser, pero que no fue, seguro.

Quería escribir estas líneas para despedirme, para pasar página, para decir adiós. Hacerlo para dejar testimonio de que no quiero que un ser ladino forme parte de mi vida.

Que quede entre nosotros

sábado, 15 de junio de 2013

Sabía que era dolor...

Han pasado años desde aquel entierro de un compañero en Alzira. Allí lo ví por última vez y noté su enfermedad, el dolor interior sin huella, la ausencia involuntaria. Por eso huí, no acudí a ningún teléfono, no quise enfrentarme a la miseria de ver en blanco y negro a quien siempre vi en colores y con el alma abierta al amor.

Fue mi jefe y, sobre todo, mi amigo. Mucho de lo poco que soy, se lo adeudo. Nos prestábamos lealtad y afectos como quien se presta un libro. Muchas veces estuve en su casa, rodeado de los suyos. Me sentía querido y sabían que los quería.

Luego la esquiva suerte de trabajar con unos gansos jugando a empresarios, nos retiró a ambos. Él primero, después yo. Y ahí comenzamos a perder el contacto. Yo lo veía crecer como la espuma pero no paraba de trabajar, viajar, y pensaba ¿le dará tiempo a vivir? No, no le ha dado. Casi inmediatamente a su retiro absoluto, vino aquel entierro y ya sentí que algo estaba horadando su interior.

Esta mañana, hablando con un amigo común, me lo ha confirmado, me ha ratificado lo que yo ya sabía que era dolor. Su hijo está llevando a cabo un proyecto para este amigo y a él le dijo que tiene Alzheimer, que no conoce a nadie, ni familia, ni amigos... A nadie. Y me siento feliz de haber tardado tanto tiempo en enterarme porque el dolor que comparto con él en este instante, me taladra las entrañas.

Mi querido amigo, donde quiera que esté tu mente distraída de este mundo que se te hizo pequeño, allí estoy yo ahora, estrechándote en un fuerte abrazo, ése que aún me permite sonreír porque no he visto tu gesto ausente y tu rictus de dolor.

Mi querido amigo Antonio, te quiero siempre.

Que quede entre nosotros


martes, 7 de mayo de 2013

Treinta y tres.

Siempre, el siete de mayo, ha sido una fecha especialmente triste para mí. Han pasado treinta y tres años y lo sigue siendo. Tal día como hoy, en 1980, nació mi hijo. Fue en un abrir y cerrar de ojos. Todo iba bien, el embarazo había ido bien, pero cuando esperaba que me dijeran si era niño o niña, me dijeron que estaba muerto.

Nunca me lo creí a pesar de que viéramos un feto muerto.

Después, los años, han demostrado que ésa era una de las muchas prácticas ilícitas que se llevaban a cabo en este odioso país. El robo de niños.

Cuando comenzaron a salir a la luz los casos, la gente que clamaba por sus hijos y los hijos que buscaban a sus padres, pensé que era el día. Curioseé por las asociaciones, me leí un montón de literatura, y decidí que no tenía fuerzas ni dinero para acometer una acción así, y máxime cuando habían pasado ya tantos años.

¿Qué podemos tener en común? El desarraigo sería el punto de unión más importante. Y, si las instituciones de este país fueran honestas y al servicio del ciudadano, nadie tendría que haber hecho nada después de destaparse un caso como ése. Los tribunales, en otros países más civilizados y menos corrompidos, actúan de oficio, evitando así un sufrimiento adicional a los perjudicados. Aquí no. Y si quienes están responsabilizados de velar por la ley, pasan olímpicamente de ella, yo no voy a ser menos.

Pero con todo, llegar este siete de mayo, siempre me produce la misma sensación. Ésa que a buen seguro, me robaron entonces y durante tantos años. La duda de que algo así se hubiera producido.

Así me siento hoy, con esa mezcla de desconcierto y vacío que produce el saber que algo pudiera no haber muerto, sino que simplemente te lo robaron.

Que quede entre nosotros

domingo, 10 de marzo de 2013

No veía las bacterias

Pues sí, acabo de darme cuenta de que había un anuncio publicitario al que no le veía sentido, y lo tiene. Una chica camina por algo que podría ser una galería comercial y un señor le escanea los dientes en ese momento y al día siguiente. Hasta ahí bien. La cosa está en que yo veía las dos tomas exactamente iguales y es que sí, el tamaño importa.

Mi hermano me regaló por mi último cumpleaños, acumulando los regalos que no me había hecho en los últimos tres -éste incluido-, un televisor de 32''. Y claro, esa era la cuestión, que en el de 21 y antiguo, que tenía, todo se veía igual. Pues acabo de darme cuenta de que sí, el primer día las bacterias bailan por los cuellos de sus encías y en la segunda toma, no existen.

Pues poner de manifiesto este descubrimiento, me ha traído de nuevo a estas páginas donde descubro que mi querida goleta ha recibido ya ¡10.000 visitas! ¡Quién me lo iba a decir hace siete años! Lo celebraré en la intimidad.

Mientras escribo, atiendo lo que dicen en un programa de TV que enfoca la visión de nuestro país, desde un punto de vista diferente a la oficialidad que nos están metiendo a través de nuestra pública, que hoy es más "pública" que nunca.

Pues que seguimos peor. Que las amenazas de subidas de impuestos, de prolongación de la vida laboral, de que se plantean quitar la paga extra a los pensionistas; hacen temblar ya a cualquiera.

Y no nos levantamos, seguimos igual, como si no pasara nada.

Del mismo modo que no veía las bacterias en el anuncia de TV, tampoco veo la salida de esta situación que cada día que pasa hace más y más amarga la existencia de los ciudadanos de este país.

Dentro de esa celebración íntima, de ese pequeño homenaje que me voy a dar, por haber recibido 10.007 visitas en mi nave, brindaré por todos los hidepus que nos están llevando a la miseria, a la más absoluta oscuridad de toda nuestra historia moderna.

Causa pena darse cuenta de que aún exista ese antagonismo que llega a la falta permanente de respeto, entre izquierda y derecha o viceversa. Como cada vez que existe un debate, regresemos sobre nuestros pasos y generemos situaciones que ya se vivieron antes de otra época negra de nuestra historia.

Hago uso de mi libertad de expresión y me cisco en los muertos de todos los políticos de primera plana, porque estoy seguro, sé, que hay gente en las bases de los partidos, que harían un papel mucho más digno que quienes están hoy en el candelero.

Pena de país.

Que quede entre nosotros

viernes, 4 de enero de 2013

RESUMEN DE UN AÑO TERRIBLE

Hace tiempo que no vengo por mi goleta, abandonada, polvorienta pese a estar anclada en alta mar... Todo por repasar, por adecentar, por preparar para salir de nuevo a navegar.

Vengo hoy para hallarla como este país hermoso donde vivimos, fea y no por las malas artes y peor condición de nuestra casta política, sino por mi desidia. Ésa que paraliza a los españoles (yo incluido), que vemos cómo nos encadenan a situaciones que de seguir en actitud pasiva, nos conducen irremediablemente a la esclavitud.

Ése ha sido el resumen del año, pérdida de derechos, pérdida de trabajos, pérdida de poder adquisitivo, pérdida de servicios... Todo pérdidas. Todos sabemos cómo hemos llegado hasta aquí, todos. Incluidos nuestro monarca, nuestro poder judicial y nuestras satánicas fuerzas de seguridad. Pese a saberlo, a saber que ha sido la codicia de unos pocos a quienes se salva inmediatamente de las consecuencias de sus desmanes, es el pueblo quien paga.

Ya no es un milagro llegar a fin de mes, el milagro es el día siguiente. Durante este año pasado, y no es que me importe demasiado, he ido renunciando cada vez a más actividades lúdicas que me requerían salir en coche o en moto. Sigo siendo feliz, con una situación paupérrima, pero feliz a pesar de todo.

Poseo la voluntad indemne de disfrutar la vida cada segundo. Como decía Terencio: Si no puedes lo que quieres, procura querer lo que te sea posible. Ser feliz no es TENER, sino SER. Paladeo cada segundo recordando a mi querida madre en otros tiempos en que también el milagro era el pan de cada día, aunque aquello era el fruto de una dictadura y las consecuencias de una guerra civil que destrozó el país y nos aisló del mundo. Invento comidas sobre la marcha y ejecutarlas me lleva una parte importante de mi tiempo, y disfruto con ello. Cada vez menos, y no me importa publicarlo en los foros a los que estoy afiliado, acudo a eventos o fiestas. Para mí significa un gasto adicional importante porque he de añadir el costo del combustible.

Mientras escribo, las noticias hablan de la asignación del cargo de asesor en Telefónica, a Rodrigo Rato. Ese miserable que con su campanazo arruinó Bankia. Ellos son quienes a pesar de estar imputados por diferentes delitos, siguen teniendo las oportunidades. La honradez no es ningún certificado que garantice una vida estable.

Y mientras, este pueblo, miserable donde los haya, acude a unas elecciones generales a finales del 2011 y elige por mayoría absoluta a un partido salpicado de fraudes, asuntos turbios, prevaricación, cohecho... Un ¿líder?, que se alzó con el triunfo engañando a un pueblo inculto y bien domesticado, porque no ha cumplido ni una sola de sus promesas electorales. Se le debería juzgar y condenar por ello. Y desde entonces hasta hoy, conociendo como todos cual es el origen y los resultados de eso que llaman "prima de riesgo", sus soluciones han ido encaminadas a seguir aferrado él y sus cachorros, a sus poltronas y beneficios. Para ellos la crisis es un juego de tablero.

En un solo año han destruido tanto que a veces tiene más visos de pesadilla que de realidad. Saben que las empresas petroleras tienen beneficios monstruosos y sin embargo permiten que sigan practicando una escalada de precios que los enriquece más y más, causando el efecto contrario en la ciudadanía. Saben que los bancos, las empresas suministradoras de electricidad y gas, continúan enriqueciéndose mientras practican una política de precios que se estrella contra el propósito de contención del gasto.

La educación, la sanidad, las pensiones... Incluso la desfachatez de eliminar la paga extra a los funcionarios. Nada les impide hacer lo que deseen, tienen la mayoría absoluta que le otorgó un pueblo infame y canalla. Nadie puede pararlos, nadie. Son sencillamente delitos. Eliminar una paga a cientos de miles de personas que poseen un contrato en el que se explicita, es delito. Aunque aquí no sé exactamente qué significa la justicia, ni qué papel desarrolla un fiscal. Son delitos que deberían perseguirse de oficio, como en otros países.

Y la prensa amordazada, en poder de grandes grupos financieros. ¿Qué narices van a contar que perjudique los intereses de sus amos, que a la vez lo son de grandes multinacionales?

La historia no vale para nada. Saben que todo se inició en el periodo en que gobernaba su líder Aznar. Él se inventó la Ley de Suelo, recalificando terrenos con el propósito de acercar la vivienda a todos los ciudadanos. Pero sabiendo a la vez de la ambición, la carencia de ética y la sanguinaria personalidad de quienes participaban en el ágape. Y aquellos barros han traído estos lodos.

Un socialista que tras dos legislaturas, mirando hacia otro lado, permitió que todo siguiera yéndose a la mierda sin aplicar ni una sola medida que no fuera cabrear al pueblo. Reforma laboral, ley del tabaco con una radicalización impropia de quienes deberían ser progresistas y respetar los derechos de los ciudadanos. A esas estupideces y a sus brotes verdes se afanaron sus señorías durante ocho años. Pero todos siguen colocados. Ninguno está en el paro.

Si no los paramos, si no somos capaces de plantarnos ante ellos y no movernos, pero todos, TODOS; esto no tiene ninguna salida. Sólo cuando ya estemos aterrorizados por no ver ninguna salida porque no exista, abrirán de nuevo el grifo y nos esclavizarán para el resto de nuestros días, los días de nuestros hijos y los de nuestros nietos.

Paralizar la investigación y el desarrollo, inmoviliza, ancla... Tendrán que ser otros quienes vengan a decirnos qué hacer y cómo hacerlo. Nosotros sólo pondremos nuestra sangre, nuestro sudor y nuestras lágrimas.

No tengo deseos de abandonar este mundo. Quiero estar entre el pueblo que se alce contra estos indecentes. Lo veré.

Mientras escribía iba baldeando la cubierta, remendando velas, aparejando cabos... Vuelvo a navegar, a llamar a las cosas por su nombre; a los ladrones, ladrones; a los sinvergüenzas, sinvergüenzas; a los hijoputas, hijoputas... Quiero sentir de nuevo el viento en la cara, refrescarme de este ambiente asfixiante y corrompido en que nos quieren sumergir.

Vuelvo pronto.

Que quede entre nosotros


martes, 30 de octubre de 2012

¿Futuro?

Salió, como otros días, a su caminata matutina. Iba -la soledad del caminante da para mucho- pensando en cuanto la rapidez aleatoria de la mente le salpicaba al presente, al ahora, a ese instante.

Sonreía pensando en dos noches atrás, en esa conversación que derivó al calzado con una vinculación a lo personal, a las relaciones personales. De allí a las cosas que se habían ido quedando por el camino. Incluso en esos perros que ya no salieron a su paso para recibir su ración de pan duro, esos que había visto la semana anterior flacos y descuidados, como una premonición de lo que su dueño estaba dispuesto a hacer por ellos. Ya no están -pensó- y lo más terrible es que los habrá abandonado a su suerte o los habrá sacrificado. El chocolate del loro, el pienso de los perros. Los tiempos son difíciles, crueles, y esa crueldad todavía no sabemos hasta donde nos va a llevar.

Sonreía a pesar de todo porque había aprendido que no existe el futuro, que sólo existe el momento presente, el lugar actual. Nada podía hacer por esos pobres animales, nobles y fieros en la defensa que les habían encomendado, sino pensar en los gratos momentos que vivieron a través de esa reja que intentaba separarlos, en la alegría que despertaba en ellos la intuición de que se aproximaba y la que experimentaba él cuando veía sus cabriolas y oía sus cantos mezcla de ladridos y emociones. Luego sus ojos, con ese inequívoco agradecimiento dibujado en ellos, y sus manos saliendo a través de los barrotes.

¿El pan? Triturado en la propia bolsa y esparcido por el camino. Para los pájaros, se dijo.

Caminaba pensando en aquellos que desperdician los momentos presentes sufriendo por un futuro tan irreal como incierto, en aquellos que sacrifican la felicidad del momento angustiándose por soluciones que ni siquiera saben si se harán realidad. Ese doble error tan común. Ese dejar de vivir para sufrir por cosas que pasaron y otras que no se sabe si pasarán.

Feliz, vibrante... Miró al vehículo que se aproximaba, vio que el conductor iba distraído hablando por el teléfono móvil y pensó que la gente es incívica, que era otra de las cosas por las que detestaba vivir en su país. Se desvió de su trayectoria, fueron milésimas de segundo... Y de repente sintió el impacto brutal, vio su propia sangre por todos sitios y ya no hubo futuro.

Que quede entre nosotros