domingo, 14 de noviembre de 2010

El sol, la tristeza y la muerte

Un día en el que se han confundido todas esas cosas... Un espléndido y soleado día de noviembre que ha despedido a Juan Moreno, compañero, una víctima más de esa terrible enfermedad. Y en su despedida, más compañeros de mi última aventura laboral. Las charlas estériles y llenas de convencionalismos para salir del paso; propias de estas situaciones.

Aunque también la proximidad y la calidez con otras personas. El intimismo, la confidencia; esta vez en una sola dirección, y yo el receptor.

Más tarde, mis dos ángeles y yo, monologando a tres voces... Un hecho que les es tan común como a mí y por el sufren tanto como yo. Y lo incontestable de qué se pierde leyendo unas líneas. Y en ese maremágnum de palabras, de repente me siento de nuevo náufrago y a la deriva.

No existe la rabia, ya no; sólo el deseo de tender puentes, de descorrer el velo.

La comida ha sido un placer sin comparaciones... Y los paseos; antes y después de comer. Bajo este sol mediterráneo que pretendía enjugar mis lágrimas.

No sé, aún no sé qué puede ser tan espantoso como para no merecer el perdón.

Un soleado día de noviembre en el que se han amalgamado su calidez, mi tristeza y la frialdad de la muerte.

Que quede entre nosotros 

martes, 9 de noviembre de 2010

Cuando el diablo no tiene qué hacer...

"Con el rabo mata moscas". Y eso es lo que nuestros dignos académicos han hecho con la propuesta de modificación del diccionario. ¡No te jode!, en lugar de ampliar, de embellecer; suprimen... Si es que todo se contagia, y estamos en el país de las prohibiciones.


Y de resultas, a estas alturas de mi vida, igual me toca corregirme futuros errores y dejar de acentuar "dé" cuando esté hablando del verbo dar y no de la preposición; y también guión, fíe, huí, etc., aunque nada se habla de raíz, más o té (la infusión, claro).


Pero siendo escandaloso, y buena prueba de lo que opina la gente está reflejada en la encuesta nada favorable a los cambios, que está en la página digital de El País, no lo es tanto como suprimir letras tan nuestras como la "che" y la "elle"; e incluso cambiar la "q" por "k" en otro montón de expresiones.


Manda cojones los ilustrados... Además de los numerosísimos planes de enseñanza a que nos someten nuestros ínclitos gobernantes, que llevan a nuestros estudiantes más perdidos que un hijo de puta el día del padre; ahora nos toca aprender un nuevo castellano donde las tildes van a brillar por su ausencia y es más, acentuar palabras que en su nueva concepción no tienen tilde, será según su propósito, falta de ortografía.


De verdad que cada día siento más vergüenza (¿o será verguenza en el futuro?), de vivir en este país de mierda.


¿Qué opinará de esto mi admirado Pérez Reverte?


Y esto casi que no, que se extienda... Ojalá que nosotros fuéramos todos.


Que quede entre nosotros

lunes, 8 de noviembre de 2010

Fin de semana en La Villa

El primero desde aquél que compartimos. Aquél en que por vez primera nos alejábamos de lo cotidiano y nos fundíamos en otro paisaje, en otra geografía distinta de la cotidiana. Aquel magnífico viaje, aquellos paseos, aquella intimidad tan nuestra... Las mismas fechas. Y claro, te eché de menos.

Dejar transcurrir las horas con mi hija ha sido uno de los mejores ejercicios que he realizado en los últimos meses. Todo estaba organizado, no sé si como ha salido o como se ha ido improvisando; lo cierto es que ha sido magnífico y aún tengo en mi piel y en mi alma esas hermosas horas.

Compartir espacios, lugares, charlas, tiempo... Un lujo sin peaje, con gratitud y reconocimiento. Todo, absolutamente todo, impregnado de un aroma de sensibilidad y ternura que precisaba, que urgía.

Y el clima, esa gran incógnita en esta época del año, ha sido generoso con nosotros colmándonos de sol y excelentes temperaturas. ¿Puede pedirse algo más?

¡Ah, y mis camisas! ¡Qué bonitas! Estoy deseando estrenarlas aunque claro, para ello antes deberé hacer un esfuerzo que en estos instantes concedo exclusivamente a estos menesteres y a ociar (verbo que tanto me gusta). Y el descubrimiento de las 3 preguntas de Bucay, que comencé a leer en el trayecto de vuelta.


En fin, un comienzo de noviembre realmente memorable, dulce, tierno, intimista aunque aún falte ese condimento que no sé si llegará algún día.


Mientras tanto, ya sabéis...


Que quede entre nosotros




jueves, 4 de noviembre de 2010

Irrespetuosos y tontos de los cojones

Son aquellos que sin encomendarse ni a Dios ni a su madre, te envían esas gracias en formato pps o simple texto, ciscándose en la figura de cualquier mandatario y sobre todo si éste es del PSOE.

Y son, además de irrespetuosos, tontos de los cojones, o tontas de los ídem. Porque hay que ser TONTO para enviar esas cosas a quien no sabes de qué pie cojea ni cuales son sus ideas políticas o religiosas. Dan por hecho que todos estamos contra ZP y somos más que incondicionales de los señoritos del PP.

Y sin estar ni con unos (que lo están haciendo de puta pena), ni con los otros (que dicen que lo harían de puta madre, pero que cuando tuvieron su ocasión lo único que hicieron fue engendrar este estado de "bienestar" que disfrutamos); siempre trato de ser respetuoso con todo el mundo y no hablar desaforadamente de nadie salvo que sepa a ciencia cierta que mi interlocutor es afín a mí, y ni así.

Añadiría además que son burros porque la última perla que me han enviado cuenta un chiste sin puta gracia en el que tres miembros del gobierno van a la residencia real y a la altura de Alcalá de Henares... En fin, que eso lo dice todo. Vamos, que Alcalá en el noreste y La Zarzuela en el noroeste de la capital, le valen al idiota para despotricar insultando y dejando bien claro cual es su nivel cultural.


Pero es a lo que han estado acostumbrados toda su vida, desde los tiempos del extinto; a hacer lo que se les pasaba por los cojones y a fuerza de hacerlo, sin usar el tiempo para nada más, han acabado siendo tontos de los ídem.


Jodido país. Otra vez se me ciñe esa vergüenza que no sé cómo quitarme de encima.


Shhhh.


Que quede entre nosotros

martes, 2 de noviembre de 2010

Reencuentro

Se ha producido y me siento feliz y completo. Mi hijo se conduce de otro modo, más responsable, más serio.

De cuando en cuando comemos juntos y me invita a ver sus progresos visitando la página del colegio. Lo hago. Me emociona. No parece que sea una cuestión de días porque ya lleva un mes y pico así. Deseo con toda mi alma que siga.

Entre otras cosas su primer 10 en una evaluación. Es pura magia. Es lo mejor que podía pasarle y gracias a los hados le está sucediendo.

Hablamos por teléfono, por MSN. Nos contamos nuestras cuitas y me siento feliz al tiempo que lo siento feliz.

El fin de semana próximo me voy a ver a mi hija. Es emocionante cómo lo tiene organizado todo; donde comer, tapear, ir... Estoy exultante. Por eso es que este próximo viernes no nos veremos él y yo, pero ya lo tenemos proyectado para el siguiente y me ilusiona.

Al fin las cosas se armonizan, se asientan; y todo viene de la mano de esta paz interior que siento y que no llega a estar completa por el recuerdo de mi comportamiento. ¡Qué no daría ahora porque todo estuviera en su sitio! Gozar del placer de sentir que lo hermoso que nos sucedió fuera lo único que se recordara y pudiéramos hablar con el corazón, con ese torrente de afectos que siempre sentimos. Sabiendo que cada cual está en un hemisferio diferente pero siendo conscientes a la vez de que "estamos", de que seguimos estando ahí para lo que se precise: una charla, una confidencia, una comida..., porque conozco pocas amistades de esa magnitud.

En fin, que "el hombre acabado" siempre está por terminarse, por completarse.

Pese a todo, tengo muchas razones, muchísimas razones para ser feliz. Y lo soy. Y siento que aún lo seré más, mucho más.

Que quede entre nosotros

lunes, 1 de noviembre de 2010

Gato negro

Me detengo en un mirador para hacer fotos. Paro el coche y ahí está, pequeño, menudo, cariñoso, viniendo a mi encuentro; el gato negro.

Estaba limpio, sin rasgos de enfermedad alguna y en el suelo unos puñados de pienso que seguramente quisieron lavar la conciencia de quienes lo abandonaron.

Lo he acariciado, lo he besado... Y el alma se me partía en dos cada vez que se me aproximaba. Porque esa gente pequeña y mezquina donde él creía que tenía un hogar, no tuvo miramientos para dejarlo abandonado allí. Un gato no es así de cariñoso con la gente si no está habituado al trato con ella. Y él lo es.

Y lo miraba y pensaba cómo serían sus noches ahora, a la intemperie, sin el calor de las manos que acarician, de su rincón preferido. Y pensaba en mi Ruby. Y sentía dolor por no tener más espacio, más medios y habérmelo traído.

Ha llegado más gente y se ha repetido el proceso, acercarse a ellos, dejarse acariciar, comer de su comida... Y cada vez la herida más honda, el sentimiento de rabia y frustración más desgarrador; hasta ahogarme.

No son juguetes, son seres vivos, pequeñas vidas que dependen de nosotros cuando nosotros hemos decidido quizás sin saber las responsabilidades que se adquieren, incorporarlos a las nuestras.

Juegan, se suben por las cortinas, ocupan ésta y aquella silla. Tienen derecho porque les hemos abierto nuestro corazón y nuestra casa. Tienen derecho. Nosotros no a abandonarlos, a dejarlos sin que entiendan nada a merced de un escenario que no es suyo, que no conocen, para el que no están preparados. Es mejor no recogerlos, no comprarlos, dejarlos que hagan su vida; nunca adoptarlos y abandonarlos más tarde a su suerte.

Una suerte que pasa por las ruedas de un vehículo en la noche, cuando más perdidos aún, más huérfanos que nunca, busquen cándidamente en la luz que se aproxima al dueño que añoran, que han aprendido a querer...

Estoy llorando. Porque no entiendo a la gente. Porque no entiendo su crueldad.

Estoy llorando por un gatito negro, dulce, cariñoso y huérfano de afectos.

¡Maldito país de mierda que permite que gente así ande suelta por las calles!

Buenas noches gatito. Ojalá que los hados te protejan y la próxima vez que vaya a ese mirador te vuelva a encontrar. Y llevaré comida para ti, y un montón de caricias y un millón de besos.

Que quede entre nosotros

jueves, 28 de octubre de 2010

Obreros del siglo XIX

Venía como otros jueves de solazarme con mi Golfo, de caminar por esos campos del señor disfrutando del sol y el viento en mi cara; venía de regreso a casa gozando de mi scooter y de las mismas sensaciones, cuando de repente los he visto... Obreros, trabajadores de la construcción comiendo sobre sus rodillas en las obras de la A7.


Como en el puto siglo XIX, como en el anterior. Maldita sea la sombra de estos políticos de mierda, porque ellos más que nadie deberían exigir a los litigantes las condiciones en que van a tratar a sus empleados. Y si una plica no lleva integrada en sus condiciones la dignidad de los obreros, dotando el lugar donde se lleve a cabo la obra de aseos, de comedores e incluso de lugares para el reposo; que le den por el culo al empresario que la presenta. Pero a nuestros gobernantes ¡qué más les da! Ellos comen bien, calentitos o fresquitos, si no en casa en buenos restaurantes; nunca sobre sus rodillas y sentados en tierra.


Eso es lo que hace que este país no progrese, la indecencia del capital que sigue considerando a los empleados ciudadanos de tercera o cuarta categoría.


No hay derecho a que las personas tengan que comer en esas condiciones, ni salir en medio del monte a satisfacer sus necesidades corporales, ni a otras muchas cosas.


Nos siguen tratando como a esclavos y seguimos accediendo a ello porque no nos queda más remedio; es eso o morir de hambre.


Por estas cosas, cada día más, siento una tremenda vergüenza de vivir en este país.


Que quede entre nosotros

miércoles, 27 de octubre de 2010

Vivir conforme

No hablo de situaciones que escapan a nuestro control: la crisis, las carencias, el desastre de políticos que tenemos, el paro, la marginación, la pobreza, las agresiones a seres humanos y animales...

Estoy pensando exclusivamente en el interior. Cuando el interior está en orden y la paz inunda cada rincón del alma con luces suaves y cálidas. Estoy pensando y sintiendo en clave de sol, de ése que nos ilumina y nos calienta cada día, en ése que se representa tantas veces sonriendo.

Nunca se aprecia tanto la luz si antes no se ha estado en el túnel, en la oscuridad, en las tinieblas. Y si la hay nunca aprendí a apreciarla hasta que llegan estos instantes en que uno recupera el pulso de su vida, mira con optimismo y generosidad a lo transitado y con alegría el momento actual.

Me invade una sensación de infinita paz, un caudal inagotable de ternura. Y por eso estoy tan pesado, tan eufórico, tan comunicador.

Y creo que son las herramientas que se precisan para afrontar los tiempos que pueden venir. Más duros, más ásperos, más grises. Pero nunca van a poder con mi sonrisa, con mi altruismo, con mis ganas de vivir.

Sé que nos esperan tiempos difíciles aunque yo ya he retomado el rumbo y estoy decidido a Vivir conforme.

Que quede entre nosotros

La tregua

Este tiempo plagado de silencios, de incursiones blasfemas, de rabia y desesperación; de sosiego, de calma, de reflexión y de aceptación; este tiempo de tregua ha dado sus frutos.

Veo con orgullo que todo está como debía estar, como estaba; aunque falten esencias en mi olfato y caricias en mi alma y mi piel. Porque sé que están y seguirán siempre en mi recuerdo.

Vuelvo a navegar en mi goleta, con nueva imagen (¡al fin una de verdad!), con la firme voluntad de hacer de éste, mi rincón, mi cajón de sastre, mi callado espacio; el lugar donde cumplir mi propósito inicial, con el que nació este proyecto: Un rincón para expresar lo que siento en determinadas ocasiones...

Atrás quedan la frustración y el desamparo; delante mío, la esperanza, la ilusión, el trabajo, la sensibilidad, la ternura, el amor... Todo para dar, para repartir, para regalar. Es cuanto me hace feliz.

Tengo la alegría inconmensurable de volver a ser yo. El yo de hace meses, de hace años, de siempre... Y el placer inmenso de haber enterrado ese yo mezquino y vulgar, soez y cruel; en que me convertí por espacio de cuatro meses.


Sé que estoy intacto, completo, pleno. Sé que no guardo rencores estúpidos. Sé que no hay nada que perdonar porque cada cual se ha ganado su derecho a elegir.


Sé que retorno a un punto en que me encontraba en una amalgama asumida de resignación y conformidad. Sé que hubo un periodo en que las cosas fueron diferentes y me entregué a otra vida, y la viví, y la compartí; y fui feliz. Y de ese espacio ahora sólo guardo gratitud, por lo sentido, por lo compartido, por lo bello.


Sé que he aprendido mucho, como se aprenden todas las cosas hermosas, con un toque agridulce al final; porque toda partida entraña dolor y alegría.


Sé que soy un hombre renovado y nuevo. Yo mismo.


Y soy inmensamente feliz de publicarlo a los cuatro vientos mientras el velamen de mi goleta se hincha de viento y me invita a seguir navegando para siempre.


Que quede entre nosotros

Un hombre acabado

De Giovanni Papini, porque hoy me siento libre y feliz; mías sus palabras...

"Yo no escribo para hacer dinero, no escribo para embellecerme, no escribo para alcahuetear con las muchachas modestas y con los hombres gordos, no escribo tampoco para poner sobre mi sombrero de paño negro la carnavalesca rama de laurel de la fama ciudadana. Escribo únicamente para desahogarme, —para desahogarme en el sentido más estercolario que os sea dado pensar,
¡oh, delicadas imaginaciones de barítonos de recreo! No digo, fijaos, para "liberarme" como vuestro melenudo héroe anónimo, como el sublime filisteo Goethe Wolfgang, consejero íntimo del duque de Weimar y del alma de los prometeos rehabilitados.
Él se libera con las trágicas frivolidades de un Werther, por las tenues desesperaciones de una lejanía deseada, y el producto de esta liberación iba a parar sobre las mesillas de las bellas sentimentales israelitas y a las cabeceras de los futuros suicidas, como una mortaja fúnebre pero recamada con todos los pespuntes de la bien nacida literatura.
Yo, en cambio, me desahogo, y entiendo el desahogo con los más plebeyos y estomacosos sinónimos: entiendo el esputo que sube del fondo de mi garganta inflamada y que vuela como por encanto en infinita salpicadura sobre todos los rostros que yo sería capaz de abofetear; entiendo el vomitar la bilis que me ha destilado de la sangre el espectáculo de nuestra vida; entiendo el fluir del pus bajo las llagas o los bubones de mi inmortal personalidad, expuesta al contagio de los más populosos lazaretos; entiendo el erupto imprevisto y ruidoso que viene de lo hondo como el desprecio. ¡No, señores! nada de delicado, os advierto, saldrá de mi pluma al correr sobre el papel".



Que quede entre nosotros