viernes, 30 de julio de 2010

FELIZ CUMPLEAÑOS AMOR

Por el único medio que me queda, porque me has condenado al silencio.

Desde lo más profundo de mi alma te deseo que pases un feliz cumpleaños. Tan hermoso como el último que celebramos juntos, tan tierno, tan natural, tan espléndido.

Felicidades amor mío. Y que cumplas muchos más.

Y esto,

Que quede entre nosotros dos.

martes, 27 de julio de 2010

¡Cuánto dolor!

No puedo más. Siento que nada en mi vida tiene sentido. He salido a la deriva a buscar puertos, encuentros... Estéril.

Cada segundo de cada tenebroso día ella está ahí, con sus chiquilladas, con sus bromas, con su ternura. Mi vida estaba llena de ella y ahora está simplemente vacía.

Lloro y no quiero llorar. Pienso y no quiero pensar.

Mi vida era ella. Durante casi dos años mi vida ha sido ella, aún es ella. Nuestras llamadas, nuestros mensajes, nuestros encuentros, nuestros paseos, nuestros besos, nuestra alegría... Mi vida era ella y ahora tengo la sensación oscura de no tener vida.

Me digo: no leas más, no añores más... Y las lágrimas me inundan los ojos y la llamo a gritos de silencio. Son miles de horas vividas a su lado, cerca y lejos. ¡Cómo soportar no verla, no oírla, no sentirla! ¡Dios qué amargura!

Sí, veinticuatro horas, mil cuatrocientos cuarenta minutos de cada día para echarla de menos, para sentir la ausencia de sus cosas, para sentir que no sé hacer nada con esta vida.

No sé cuánto puede durar este enorme duelo. Este llanto amargo por la pérdida. No sé qué hacer. No sé qué hacer con mi vida. Sólo sé que voy a la deriva, que la amo, que la añoro, que la necesito, que preciso como el hambriento que mis horas vuelvan a estar llenas de ella.

Si algo me mantiene esperanzado es la posibilidad de que algún día oiga su voz preguntando si puede dormir a mi ladito.

Que quede entre nosotros

lunes, 1 de marzo de 2010

Lo próximo y lo lejano

Desde el mes de mayo de 2009 pertenezco a esa gran cohorte que formamos los que ya dimos todo de nosotros en el terreno laboral. Había que tomar una decisión antes de que me dieran nuevamente por ahí mismo.

Desde esa fecha la vida es más plena, más válida, más pura, adaptándome claro está a lo que me dan. Aunque nuestros gobernantes, o quizás los míos solo, se encargan denodadamente en joderlo.

Treinta y nueve años, once meses y once días de cotización a la S.S. Ni una baja, ni una enfermedad ni grave ni menos grave, es decir, sin costo.

Y ahora, estos mentecatos (que sigo diciendo que me da igual del signo que sean porque no hay grandes diferencias), me meten la mano en el bolsillo vía impuestos para que no disfrute tanto de la vida. Siempre pagan los mismos, no sé de qué me extraño.

No aquellos a los que primaron con fondos exentos de tributación para que no se llevaran los dineros a otros lugares, para evitar la fuga de capitales. A esos ni tocarlos, siempre a los desgraciados, a los desposeídos. ¡Y aún vamos a las urnas!

Estos pinchauvas son unos miserables que hacen carrera en la política ¿para qué en ramas de la ciencia o la investigación? Se encaraman a los partidos y trepan sin cesar hasta que consiguen ir en unas u otras listas... Y a chupar.

Sinvergüenzas que se proclaman estar al servicio del pueblo pero que se colocan para hacer menos ingrata su labor, no solo buenos salarios, buenas dietas, buenas relaciones, sino buen futuro, sin tener que cotizar más de no sé cuántos años y sin que sus quince últimos sirvan de base para establecer su base reguladora. Eso para los que administran ¡faltaría más! Pues vaya una mierda de democracia que sería.

Que francamente no sé para qué nos hacen ser tan solidarios. Cotizamos por encima de las cantidades que finalmente nos darán. Cotizas por 3.000 y luego el límite de la pensión está en 2.400 (¿?). Asombroso.

Bocazas impenitentes que se erigen en opositores cuando lo único que saben hacer es insultar al adversario. Adversarios que no tienen ni puta idea de trabajar y van dando palos de ciego jodiendo a diestro y siniestro.

Familias en quiebra, emprendedores en quiebra... Aquí sólo sigue valiendo la política del pelotazo y el amiguismo.

Y en estos días se me hace que lo próximo y lo lejano siguen siendo portada, actualidad. Es decir, siempre los mismos, los de siempre. En ambos lados.

¡Jodido país del que no puedo ya salir huyendo!

Que quede entre nosotros

jueves, 13 de agosto de 2009

Hay que seguir

Simplificando, desamparo.

Sin venir a cuento, sin desearlo.

Ése que se abate con negras alas

y te cobija sin deseo, sin requerirlo.


He aprendido muchas cosas y no sé nada.

Apenas que el amor me hace bien

y la amargura me aturde.


Debo renacer y emerjo

no sé con qué fuerzas con qué acezo,

para esperar un día de certeza.


La débil línea de mi pulso

se acentúa en las gráficas impúdicas

que me llaman a la vigilia y yo desoigo

sin el temor de que fuera el último día.


Que quede entre nosotros

domingo, 9 de agosto de 2009

¡Qué solos estamos!

Tendido en un barranco. Un accidente como todos ellos tonto, estúpido, imprevisible. Y de repente te ves en el suelo, con la rodilla dolorida, la frente que arde y la percepción de que igual podías haber quedado allí. En medio de la nada.

Piensas que has hecho un camino, que te has rodeado de gente, que has reído, llorado, temblado, pero que al final, estás solo. Da igual cuánta gente pueda o no quererte en este valle de lágrimas, estás solo.

El resto del camino, lo he hecho vagabundeando entre los rescoldos de la hoguera de mi vida. Mis amoríos, mis amigos, mis noches de farra. Lo que hice bien y lo que hice menos bien porque con sinceridad, mal todavía pienso que no he hecho nada. En todo estaba implícito mi sentido de la honestidad, del trabajo, de la lealtad.

No me importa que haya gente que pueda pensar lo contrario. Como decía Atahualpa "siempre he sido así, galopeador contra el viento". Lo que me importa es que en cada acción, en cada movimiento ha estado como protagonista mi sentido de las cosas bien hechas.

Tropecé con todo en la vida. Trabajadores que no debían llevar ese título, gente pequeña que no debería llevar el título de persona, patronos infames aplicándose el derecho a usar las prerrogativas del tirano, ya he dicho miles de veces aquí y en otros sitios que en este país no existe tejido empresarial, sino redes de tiburones ávidos de carnaza. Y supe capear el temporal.

Caminaba doliéndome más el alma que el físico. Añorando mis juegos de niño, de esa corta niñez interrumpida por el trabajo prematuro y urgente. Dándome cuenta de que aunque el aspecto físico no me provoca rechazo, el interior, la maquinaria sí que tiene esa singladura, esas batallas... Recordando aquellas palabras de Don Julio, el día que se elimine la mesa camilla se habrá acabado la familia. Y así ha sido y naturalmente que hay excepciones. Comemos fuera, cenamos a diferentes horas, nos comunicamos mal y rápido sin que apenas nos roce la epidermis lo que nos están contando.

Y al final venimos a estas páginas, a estos cuadernos de bitácora a llorar o a reír, pero a evacuar los sentimientos que una sociedad egoísta nos ha agostado. Una sociedad que camina hacia el tener y no hacia el ser, una sociedad que ahoga los sentimientos en la miseria de la mudez del ruido.

Ahí, en el barranco, al que me precipité porque unas piedras no soportaron firmes mi peso, pude haber acabado mis días. Con mi leal Golfo, con La bámbola sonando en mis oídos y el silencio absorbiéndolo todo.

Al final sólo quedó en eso, en el susto, en el dolor físico, en el dolor espiritual y en la conciencia de que apenas soy el brazo que mueve el timón de mi goleta.

Que quede entre nosotros

viernes, 31 de julio de 2009

La pieza de mi amigo - Don José Larralde

La traigo aquí hoy por el respeto que me inspiraban aquellos artistas desconocidos que evocaban el DON antes de dirigirse a quienes les alimentaban de letra y música aquellas tardes de Las Peñas en el Madrid de principios de los 70, cuando aún no conocía a mi hermano aunque lo presentía...

La traigo aquí por lo mucho que nos emociona. Por lo que la hemos sentido.

La traigo porque lo quiero.

"
A mi amigo Cacho con todo el respeto y el cariño que le tengo.

La pieza de mi amigo.

La pieza de mi amigo me sacudió la cara con un chirlo de frío
que rodó por la mesa y se quedó conmigo
para dejarme solo en un siglo vacío
con palabras de nada que doblan si yo sigo
y que siguen derecho si yo busco un desvío.

La pieza de mi amigo
me pegó en la cabeza con su pared de pino
me retorció la frente desde atrás del olvido
y desde una rendija me empapó de viento,
con perfumes muy alto y goteras de trino
como un jardín de nubes y de sol florecido.

Una cama muy grande para el siempre nacido
hijo de aquellos tiempos cuando el mundo era niño
y una cama chiquita con los flejes vacíos
donde duermen sus huesos con temblor de cariño
Una dicha redonda apretada de hastío
como una frase humilde que se escapa de un libro
vuela en pos de una boca que la arranque del frío
para nacer de a poco aunque ya haya nacido.

La pieza de mi amigo
tiene un cordel de hilo donde cuelga un traje,
un gabán y un suspiro, una paloma blanca con el cuello raído
y algún remiendo flojo que transmita el retiro.
Un escritorio nuevo que cambió por trabajo,
una Remington negra que le prestó un amigo
un verso enamorado para una flor de gajo
que muestra en una foto por debajo de un vidrio

La pieza de mi amigo es del color del tiempo,
media gris, media verde o tal vez transparente
cada cosa es un pájaro con el nido cambiado
se resigna quedarse y vuela de repente.

Tiene gusto a cebolla la pieza de mi amigo
que viene desde el fondo de una olla de aluminio
son perfumes muy altos porque son sacrificios
con goteras de trino y temblor de cariño.

Hay un sobre cerrado en la mitad del vicio
sin destino de ida, ni destino de vuelta
una carilla en blanco sin miedo al desperdicio
y una paloma blanca raída pero suelta.
"

Que quede entre nosotros

viernes, 24 de julio de 2009

MI HIJO


Hasta en esto tenemos que coincidir... Sé lo que me digo.

Desde hace semanas, víctima de la frustración que produce la indolencia que lo acompaña desde la mañana a la noche, quería escribir esta página. Se me adelantó.

No sé qué hacer. No me siento fracasado, simplemente presiento el dolor ajeno. Ése seco y profundo que puede acompañarle siempre. He hecho cuanto he sabido y de haber sabido hacer más, más habría hecho. Por tanto no me hago reproches, aunque no pueda evitar esa amarga sensación en la boca del corazón cuando lo miro.

Es inteligente, buen mozo, hábil, y vago, y sordo... Con él y en él se entiende el principio de la ley del mínimo esfuerzo. Así es para todo... Con 181 de estatura, aún hay que ir tras él para que mantenga un mínimo de higiene, para que dedique un mínimo de atención a sus quehaceres, incluidos los ejercicios del verano.

¿El resto? Le gusta el rap... Bueno, como a mí me gustaban Beatles, Cream o tantos otros. No quiero entrar en comparaciones. Pero ellos no ocupaban mi vida casi al cien por cien. Me di espacio para crecer, para subir, para si no podía llegar a la cima, al menos no quedarme en el pie de la montaña. Tenía menos y supe aprovecharlo porque quizás eran otros tiempos y el hambre mordía las entrañas. Y llegó un día que no fui más a entrevistas de trabajo con los zapatos inmaculados y agujeros en las suelas, digno pero sin desayunar...

Sé que los hijos no son nuestros hijos, como decía Gibrán. También sé que no podemos vivir otras vidas sino la nuestra. Aunque duele ver cómo maneja la suya.

Tiene buen fondo, creo. Me atrevería incluso a decir que tiene buen corazón. Aunque es sordo. No físicamente, sino intelectualmente. Me reía cuando con esa acidez propia de los ingleses, en su serie Little Britain, la pareja a punto de salir le decía a la cuidadora que si el niño se despertaba le leyera un libro... A book? What's that? Cruel realidad.

Del mismo modo, tampoco él puede vivir mi vida. Y llega un momento en que uno se plantea si realmente merece la pena llevar esa rémora lastrándome.

Es de mal gusto culpar a nadie de los males de los demás... Sólo que no puedo olvidarme de que viéndolas venir, cuando apenas tenía seis años, le pedí a su madre que ejerciera más autoridad con él, que las ramas verdes se podían dirigir fácilmente... Es un niño, fue su respuesta, cuando tenga doce o trece años habrá tiempo. Ya los tiene y no hay.

Y me digo, si escribo de él será porque lo quiero. Y no lo sé. Lo que sí sé es que está lejos, muy lejos... Y es triste, muy triste, porque nunca me propuse que fuera esto o aquello. Eso debía decidirlo él. Mas nunca pensé que llegara un instante en que sólo fuera RAP, desidia, haraganería, mentiras y presunción.

En fin, una vez más...

Que quede entre nosotros



domingo, 5 de julio de 2009

JUGUETES ROTOS

Ni siquiera le pidió que lo quisiera. Nunca lo pidió.

Ella abrió el camino, una especie de reto, de desafío. Y ella lo cerró.

El muñeco tirado en el arcén de cualquier carretera olvidada.

No hay heridas a pesar de todo. No porque no hay nada que duela. No porque lo único que causa dolor es el propio dolor, el que él mismo se podría haber causado.

Fue honesto y justo todo el tiempo. Y leal.

Podría ser un juguete roto, pero yo sé que no lo es. Lo sé.

Shhh

Que quede entre nosotros

martes, 16 de junio de 2009

CALMA CHICHA

Así navego en los últimos días. Más escorado que de costumbre hacia hábitos ociosos.


Tengo miles de cosas por hacer y no sé si tengo vida para tanto.


En ocasiones pienso que haga lo que haga siempre quedará algo colgado, algo pendiente. O mucho.


Por eso, en estos días, me apetece dejarme mecer por las aguas a merced de un viento que no llega y de un calor que aprisiona espíritu y cuerpo.


Igual mañana comienza un nuevo día.


Que quede entre nosotros

miércoles, 10 de junio de 2009

MI VIAJE SOÑADO

Al final no salí temprano, mas no tenía prisa. Eso de hacer un viaje que lleva esperando tantos años porque nunca ha sido posible sin incomodar a alguien, es un lujazo. ¿Iba a llevar prisa?

Bien pertrechado aunque el tiempo se anunciaba genial. Y el caudal de los sueños por empezar a usarlo. Es magnífico viajar en scooter en solitario porque nunca vas solo. Los pensamientos acuden a ti desde mil puntos de la memoria y se alían contigo y con la ruta.

Ya había soñado un rato cuando decidí pararme en El Pontón para, en esa terraza deliciosamente humilde, fundir los alimentos con más sueños. De niñez, de adolescencia, de madurez... Imaginándome que descubriría el punto ideal, el pueblo ideal, la casa ideal para proyectarme en el último tramo.

Villatoya, Alborea, Casas de Ves, Casas de Juan Fernández, Rubielos Altos, Rubielos Bajos... En fin, que transformé 290 Km. en casi 400. Tomaba notas sobre el mapa y sobre la memoria. Después tendría que comenzar a comunicarme, elegir, en fin, más sueños.

Llegué a mi pueblo natal justo a la hora de comer y lo hice a base de botellines con su correspondiente tapa. Cuando llegué al hotel iba casi ganador y colocado, es decir, el estado ideal para sestear hasta que el sol inclemente de La Mancha me permitiera callejear sin acusar sus rigores...

Cuando desperté, cámara en ristre, recorrí los lugares que me recordaban mi infancia, mis juegos, mis primeros devaneos amorosos... Instantáneas de aquí y de allá (es magnífico hacer fotografías sabiendo el resultado y sin controlar si se acaba el carrete), hasta decidir visitar a la poca familia que me queda y las vecinas del patio donde me crié. Magnífico, sublime, delicioso... Era como ir degustando los más exquisitos platos con la guarnición que unos y otros iban colocándoles. Pura magia.

Hay cosas que no han cambiado allí. Otras que no son mi pueblo porque la tendencia estúpida de la gente a desprenderse de lo genuino para caminar por lo progre, nos trae esas cosas. Allí no pondría yo mi nido. Lo tuve, pero jamás volvería a ponerlo.

No han cambiado los vecinos al fresco, sentados en sus sillas y radiografiándote al pasar. Y luego los murmullos, los comentarios. Para mí pensaba: Vais más perdidas que un h.p. el día del padre. Han transformado la geografía urbana que tanto amé. Ahora hay adosados, más adosados y también adosados.

La noche me abrazó en las últimas visitas y sólo quedaba redondear la tarde con más botellines y más tapas.

Recorrí las carreteras locales buscando el aire fresco de la noche y me fui a dormir. El sueño estaba cumplido.

El regreso fue entrañable. Después de los churros y el chocolate, comprar dulces, más recorrido y luego más quintos y más tapas, hasta enfilar la ruta de regreso... Todo igual, o casi igual que hace años.

Cuando arribé a casa tenía los riñones al Jerez pero una enorme satisfacción por haber cumplido un sueño tan tonto y tan fácil como éste. Hay quien prefiere Cancún o un crucero. Yo sigo siendo sencillo, me gusta lo nacional, lo urbano. Lo mío.

Ya no lo voy a olvidar.

Que quede entre nosotros



Nací


Crecí y regresé


El tránsito


Aquí estuvo mi escuela

Jugué

Mi primera novia


Las romerías